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La inteligencia artificial gana peso en la guerra moderna y plantea dilemas sobre control y regulación

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La inteligencia artificial gana peso en la guerra moderna y plantea dilemas sobre control y regulación

La inteligencia artificial adquirió un papel cada vez más relevante en los conflictos bélicos actuales. La capacidad de estas tecnologías para procesar enormes volúmenes de datos en tiempos muy reducidos está modificando la forma en que los ejércitos interpretan la información y toman decisiones estratégicas. En muchos casos, tareas que antes requerían el análisis prolongado de equipos militares ahora pueden resolverse en minutos mediante sistemas automatizados.

Este avance tecnológico introduce una característica particular en las guerras contemporáneas: la velocidad para analizar información y extraer conclusiones. Según especialistas en ciberseguridad, esta capacidad permite formular hipótesis y ejecutar acciones militares con mayor rapidez que los métodos tradicionales.

Sin embargo, el desarrollo de software con capacidad para tomar decisiones autónomas, muchas veces sin regulación específica, genera preocupaciones sobre sus consecuencias y sobre el control real que tienen los Estados sobre estas herramientas.

Procesamiento masivo de datos y decisiones automatizadas

La inteligencia artificial se utiliza dentro del ámbito militar para analizar grandes cantidades de información procedente de diferentes fuentes. Entre ellas se encuentran imágenes satelitales, comunicaciones interceptadas, movimientos logísticos y registros de radares.

El procesamiento de estos datos permite identificar patrones o comportamientos que podrían indicar determinadas estrategias o movimientos enemigos. Por ejemplo, la concentración de personas en una zona cuando tienen activada la función de geolocalización en sus dispositivos móviles puede ser analizada por programas informáticos para formular hipótesis sobre lo que está sucediendo en el terreno.

Esa información se utiliza posteriormente para evaluar posibles escenarios, planificar operaciones futuras y estimar los impactos de determinadas acciones militares.

El especialista en ciberdefensa y ciberseguridad Oscar Niss explicó que la inteligencia artificial se utiliza desde hace tiempo en el ámbito bélico, pero que el cambio reciente está relacionado con la magnitud del procesamiento de datos que pueden realizar ciertas plataformas.

Según Niss, la capacidad informática de algunos actores del sector tecnológico es especialmente elevada. El experto sostuvo que la potencia de cómputo de empresas como Open AI, Anthropic o Google es tan grande que ni siquiera Estados Unidos alcanzaría ese nivel en algunos casos.

El papel de las corporaciones tecnológicas

Uno de los elementos que caracterizan el panorama actual es que buena parte del desarrollo de inteligencia artificial no está exclusivamente en manos de los Estados. Muchas de las tecnologías más avanzadas pertenecen a corporaciones privadas que operan a escala global.

Este escenario implica que herramientas con potencial aplicación militar pueden surgir del ecosistema tecnológico y empresarial antes de pasar por estructuras tradicionales de defensa.

De acuerdo con el especialista consultado, el desarrollo de productos orientados a la guerra y que no cuentan con regulaciones específicas podría poner en peligro la vida de millones de personas.

La rapidez con la que estos sistemas procesan datos también está transformando la estructura de decisión dentro de los conflictos armados. En muchos casos, procesos que antes dependían del análisis humano ahora pueden ser ejecutados directamente por sistemas informáticos.

Casos recientes de uso de inteligencia artificial en conflictos

El uso de inteligencia artificial ya se ha reflejado en episodios concretos vinculados a conflictos recientes. Según lo publicado, Israel habría atacado a palestinos mediante el uso de un programa de reconocimiento facial.

En otro caso mencionado, Estados Unidos atacó diversos objetivos militares en simultáneo durante el conflicto con Irán. Esa operación habría sido posible gracias al procesamiento de datos realizado por sistemas de inteligencia artificial.

Antes de la incorporación de estas herramientas, ese tipo de análisis requería la intervención de personal militar que podía tardar días en estudiar la información y tomar decisiones. Con la automatización, esas tareas pueden resolverse en tiempos mucho más reducidos.

De acuerdo con Niss, este cambio podría implicar que los militares ya no tengan un control total sobre las acciones que ejecutan los ejércitos, dado que algunas decisiones pasan a estar determinadas por el funcionamiento de un software.

El especialista sostuvo que, al menos en el ámbito de la guerra, se avanza hacia la automatización de decisiones que anteriormente eran tomadas por seres humanos.

Debate ético y derecho internacional humanitario

El avance de la inteligencia artificial en el ámbito militar también abre interrogantes sobre el marco normativo y ético que debería regir su uso.

Durante décadas se construyó un consenso internacional respecto a las reglas que deben respetarse en los conflictos armados. El derecho internacional humanitario establece límites claros sobre lo que puede y no puede hacerse durante una guerra.

Entre esas normas se incluyen prohibiciones sobre el uso de armas químicas y sobre los ataques indiscriminados contra la población civil. También existen restricciones que impiden atacar hospitales o escuelas, así como obligaciones de asistencia a los heridos.

Sin embargo, la incorporación de sistemas automatizados plantea nuevos desafíos. Según Niss, incluso la decisión de ejecutar una operación militar debería recaer en una persona desde la perspectiva del derecho internacional humanitario.

El especialista afirmó que hablar de ética aplicada a dispositivos tecnológicos en el contexto de la guerra resulta complejo. A su juicio, es difícil imaginar que una herramienta tecnológica pueda responder a criterios éticos en un escenario bélico.

Incluso en regiones con regulaciones avanzadas en materia de inteligencia artificial, como Europa, existen excepciones para los ámbitos militar y de defensa.

Aunque la inteligencia artificial ofrece múltiples aplicaciones que pueden beneficiar a la sociedad, su uso en los conflictos armados genera preocupaciones y preguntas que aún no tienen respuestas definitivas.

Fuente: Agencia de Noticias Científicas de la UNQ

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