
La inteligencia artificial emerge como herramienta para desencadenar conflictos, según experto en geopolítica
Un cambio en la naturaleza de la guerra y la percepción
La inteligencia artificial está transformando no solo la manera en que se libran las guerras, sino también cómo se originan. Así lo advierte el coronel retirado del Ejército del Aire y del Espacio, Ángel Gómez de Ágreda, especialista en ciberseguridad, inteligencia artificial y geopolítica, quien sostiene que los algoritmos ya no solo predicen comportamientos, sino que construyen realidades capaces de influir en decisiones individuales y colectivas.
En su análisis, los avances tecnológicos han permitido desarrollar discursos personalizados que no buscan únicamente informar, sino moldear emociones. Este fenómeno afecta tanto a redes sociales como a medios de comunicación, contribuyendo a una percepción de la realidad cada vez más fragmentada y condicionada por datos.
De la vigilancia a la construcción de la realidad
Según el experto, la evolución tecnológica ha pasado de sistemas de vigilancia masiva a entornos donde la información se adapta a cada individuo. La capacidad de procesar grandes volúmenes de datos permite identificar debilidades y fortalezas personales, facilitando la creación de mensajes diseñados para influir directamente en la conducta.
Este cambio ha derivado en lo que define como una transición hacia la “posrealidad”, en la que los hechos pierden peso frente a narrativas construidas algorítmicamente. En este contexto, tanto ciudadanos como Estados se convierten en actores vulnerables frente a grandes empresas tecnológicas que controlan los datos.
Redes sociales y polarización
El impacto de estas tecnologías se refleja especialmente en las redes sociales. En Occidente, estas plataformas tienden a fomentar la polarización, ya que resulta más rentable que exista división social. Este escenario contrasta con el modelo chino, donde las redes buscan alinear el pensamiento con el del Partido Comunista y su liderazgo.
Como consecuencia, se observa un aumento de la desigualdad y una transformación en la forma de hacer política y construir comunidad, con efectos directos en la cohesión social.
El papel de la IA en el ámbito militar
El uso de inteligencia artificial en conflictos armados abre un debate sobre los límites éticos y operativos de estas tecnologías. Uno de los factores clave es el grado de autonomía que se concede a los sistemas y el papel que mantiene el operador humano en la toma de decisiones.
En escenarios reales como Gaza, se han documentado situaciones en las que un operador disponía de apenas 20 segundos para decidir si aceptaba una recomendación generada por un algoritmo para atacar un objetivo. Este tipo de decisiones, señala el experto, plantean interrogantes sobre la responsabilidad y la capacidad real de control humano.
En Ucrania, además, la participación de civiles proporcionando información desde sus teléfonos móviles introduce nuevos dilemas sobre su estatus legal en el conflicto, al difuminar la línea entre combatiente y no combatiente.
Las tecnológicas como actores geopolíticos
El creciente poder de las grandes empresas tecnológicas también modifica el equilibrio global. Un ejemplo destacado es Nvidia, cuya capitalización bursátil ha superado el producto interior bruto combinado de varios países europeos, lo que la convierte en un actor con peso geopolítico propio.
Asimismo, el caso de Starlink en Ucrania evidencia cómo una infraestructura privada puede ser decisiva en un conflicto. Según Gómez de Ágreda, sin este sistema de conectividad, la invasión rusa podría haber tenido un desenlace mucho más rápido. Esta dependencia pone de manifiesto el poder de figuras individuales como Elon Musk, que controlan múltiples elementos estratégicos, desde satélites hasta plataformas de comunicación.
Europa ante el desafío tecnológico
Europa enfrenta una situación de dependencia en el desarrollo tecnológico, al carecer de grandes actores comparables a los de Estados Unidos o China. Aunque mantiene cierta capacidad regulatoria, su influencia podría disminuir debido al peso económico y político decreciente en el escenario internacional.
El experto advierte que la región ya perdió parte de su autonomía industrial y tecnológica, y ahora corre el riesgo de perder también su capacidad de legislar de manera efectiva sobre tecnologías que no produce.
Una carrera tecnológica sin meta definida
La actual competencia en inteligencia artificial entre potencias se describe como una carrera sin objetivo claro. Según los datos citados, el 92% del incremento del PIB de Estados Unidos en el último año provino de empresas de IA, mientras que sin ellas el crecimiento habría sido de apenas un 0,1%.
Esta dinámica implica una inversión masiva de recursos económicos y energéticos en un sector que, en parte, mantiene un componente especulativo, sin una meta claramente definida.
La guerra cognitiva y la manipulación del relato
Uno de los aspectos más relevantes es el papel de la inteligencia artificial en la denominada guerra cognitiva. Esta no solo acompaña a los conflictos, sino que los precede, al construir narrativas que justifican acciones militares ante la opinión pública.
Según el especialista, los Estados necesitan convencer a su población de la legitimidad de una guerra antes de iniciarla. La IA permite ahora enviar mensajes personalizados a cada individuo, incrementando la eficacia de esa labor de persuasión. De este modo, la tecnología se convierte en un factor clave para provocar conflictos.
Impacto en la democracia y el individuo
El avance de estas tecnologías también afecta a los sistemas democráticos. Se observa una tendencia hacia una mayor concentración de poder en los ejecutivos y una reducción de los controles tradicionales, influida por el uso de redes sociales e inteligencia artificial.
A nivel individual, el control sobre los datos personales se presenta como un desafío central. El experto subraya que los datos no son solo información, sino una extensión de la propia identidad. Sin embargo, la sofisticación tecnológica limita la capacidad de los ciudadanos para contrarrestar los mensajes que reciben.
Ante esta situación, se plantea la necesidad de fomentar una cultura de esfuerzo y de búsqueda activa de la realidad, en contraposición a la comodidad que facilita la tecnología.
Una transformación estructural en curso
El análisis de Gómez de Ágreda refleja un cambio estructural en la relación entre tecnología, poder y sociedad. La inteligencia artificial no solo redefine el campo de batalla, sino también las dinámicas políticas, económicas y sociales a escala global.
En este nuevo escenario, el control de los datos y los algoritmos se consolida como uno de los factores determinantes del poder, con implicaciones directas en la estabilidad internacional y el futuro de las democracias.
Fuente: El Confidencial
