
Esther Checa advierte sobre el impacto cognitivo de la IA: “Si la usamos para evitar pensar, nuestras habilidades se atrofiarán”
La expansión de la inteligencia artificial generativa ha reactivado el debate sobre su impacto en la sociedad, el trabajo y la educación. Para Esther Checa, experta en estrategia digital, marketing e innovación, el desafío no consiste únicamente en adoptar estas herramientas, sino en comprender cómo afectan a nuestras capacidades cognitivas, a la forma en que aprendemos y a la manera en que nos relacionamos con la tecnología.
Checa cuenta con más de 25 años de experiencia en el entorno digital y actualmente es Global Head of Innovation en t2ó ONE. Además, fue reconocida como una de las Top 100 Spanish Women Leaders en 2023 y forma parte de varias guías dedicadas a destacar el liderazgo femenino en el emprendimiento innovador y en el ecosistema empresarial español.
Desde su perspectiva, la inteligencia artificial abre oportunidades enormes, pero también plantea riesgos que requieren reflexión tanto por parte de las organizaciones como de la sociedad.
El auge de los chatbots y el cambio en la relación con la tecnología
La relación de la sociedad con la inteligencia artificial no es completamente nueva. Checa recuerda que ya desde mediados de los años noventa existían sistemas de recomendación y buscadores que utilizaban algoritmos avanzados. Posteriormente, a finales de la década de 2000, la expansión de las redes sociales profundizó esta relación.
Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegó en 2022 con el lanzamiento de ChatGPT. La aplicación alcanzó más de 100 millones de usuarios en apenas dos meses, situando la inteligencia artificial generativa en el centro del debate público.
Desde entonces, tanto empresas como investigadores tratan de entender cómo interactúan los usuarios con estas herramientas. Estudios publicados por OpenAI, Microsoft y Anthropic han analizado la forma en que las personas utilizan sistemas como ChatGPT, Copilot o Claude.
Según estos informes, los usos más frecuentes de los chatbots incluyen:
- Búsqueda de orientación práctica para resolver problemas cotidianos o profesionales.
- Autoexpresión y conversación personal.
- Consultas sobre salud y bienestar emocional.
- Búsqueda de información y comprensión de conceptos.
- Redacción y mejora de textos, correos e informes.
- Programación y tareas técnicas.
En muchos casos, los usuarios comparten con estos sistemas datos personales sobre intereses, rutinas o frustraciones. Para Checa, este fenómeno demuestra que la sociedad está delegando cada vez más tareas cognitivas a los sistemas de inteligencia artificial.
Uso de la IA y diferencias entre países
Los estudios también muestran diferencias en los patrones de uso según el nivel de desarrollo económico. Según datos de Anthropic, el uso del asistente Claude para gestiones personales es más frecuente en países con mayor renta per cápita y una adopción tecnológica más madura.
En cambio, en países con menor renta per cápita la inteligencia artificial se utiliza más como herramienta educativa. En estos contextos, los estudiantes recurren a los chatbots para recibir ayuda con ejercicios, tareas escolares, preparación de exámenes o elaboración de materiales educativos.
Este crecimiento del uso cotidiano de la IA ha llevado a Checa a hablar de una posible “inteligencia adictiva”, en referencia a la dependencia creciente de estas herramientas para múltiples actividades diarias.
El papel de la metacognición en el uso de la IA en empresas
En el ámbito laboral, la adopción de inteligencia artificial generativa se ha acelerado en numerosas organizaciones. Sin embargo, Checa considera que la incorporación de estas tecnologías requiere algo más que herramientas.
La experta destaca la importancia de la metacognición, es decir, la capacidad de las personas para reflexionar sobre su propio pensamiento. Diversos estudios muestran que los empleados con mayor metacognición tienen más probabilidades de obtener beneficios creativos al utilizar sistemas de inteligencia artificial generativa.
Para fomentar la innovación, las organizaciones deben invertir en el desarrollo de esta capacidad y promover un uso reflexivo de la tecnología. Según Checa, la inteligencia artificial no aumenta automáticamente la creatividad o la innovación si no existe una base crítica en quienes la utilizan.
Riesgos cognitivos del uso excesivo de la IA
Uno de los aspectos que más preocupa a la especialista es el riesgo de deterioro de habilidades cognitivas cuando se delegan demasiadas tareas en los sistemas de IA.
Entre los principales riesgos señala la fuga de datos corporativos, posibles daños reputacionales o infracciones de propiedad intelectual. No obstante, considera que existen dos amenazas menos visibles pero especialmente relevantes: la pérdida de aprendizaje efectivo y la falta de validación crítica de los resultados generados por la inteligencia artificial.
Ambos fenómenos están vinculados al concepto de “deskilling”, que describe cómo ciertas habilidades pueden debilitarse cuando dejan de ejercitarse. Según Checa, si las personas delegan tareas como redactar, analizar información, programar o planificar en modelos de IA, esas capacidades pueden deteriorarse con el tiempo.
“Si utilizamos la inteligencia artificial para evitar pensar, nos atrofiará; si la utilizamos para pensar mejor, ampliará nuestra zona de desarrollo”, sostiene.
La aparición de agentes de IA en el trabajo
Otro fenómeno emergente es la incorporación de agentes de inteligencia artificial capaces de ejecutar procesos de forma autónoma o semiautónoma en diferentes áreas de una empresa.
Actualmente, muchas organizaciones están desarrollando sistemas que automatizan flujos de trabajo con el objetivo de aumentar la productividad. El siguiente paso, según Checa, será mejorar la satisfacción del cliente mediante este tipo de herramientas.
La expansión de estos agentes puede provocar transformaciones en la estructura empresarial, incluyendo cambios en los roles y responsabilidades de los trabajadores, en los indicadores de rendimiento o en la organización de los costes y modelos de negocio.
Para Checa, esta evolución obliga a repensar cuál es el valor específico de las capacidades humanas dentro de las organizaciones. En este contexto, cita la reflexión del historiador Yuval Noah Harari, quien describe la aparición de sistemas capaces de aprender, decidir y adaptarse dentro de estructuras económicas como la entrada de una nueva “población” tecnológica.
IA y desarrollo infantil: nuevos desafíos educativos
La presencia de inteligencia artificial también está llegando a edades cada vez más tempranas. Los juguetes con IA, diseñados para interactuar con los niños, pueden influir en aspectos como el desarrollo emocional, la atención o la privacidad de los datos.
Algunos de estos sistemas están diseñados para simular relaciones afectivas y generar apego, lo que puede provocar un tipo de “amistad digital”. Según Checa, este tipo de interacción podría distorsionar la comprensión de las relaciones humanas al ofrecer una validación constante sin las complejidades propias de los vínculos reales.
Además, la tecnología puede reproducir o amplificar sesgos sociales si los datos con los que ha sido entrenada contienen esos mismos sesgos.
El desarrollo de este mercado avanza especialmente en Asia. En China, el mercado de juguetes con inteligencia artificial podría alcanzar los 14.000 millones de dólares en 2030, apoyado por un fuerte sector de electrónica educativa infantil.
En Europa, sin embargo, las diferencias regulatorias y culturales son notables. El reglamento europeo de inteligencia artificial considera muchos de estos juguetes como sistemas de alto riesgo debido a la recopilación de datos y a los posibles efectos de manipulación.
El papel de la educación y el aprendizaje continuo
Para afrontar estos cambios, Checa considera imprescindible reforzar la alfabetización digital y las competencias tecnológicas en la sociedad. También subraya la necesidad de regular la inteligencia artificial no solo como herramienta, sino como industria.
El World Economic Forum, en su serie The New Economy Skills, identifica varias capacidades clave para adaptarse al nuevo entorno tecnológico: aprendizaje continuo, curiosidad intelectual, pensamiento crítico, colaboración e inteligencia emocional.
Según la experta, el verdadero factor diferencial en el futuro no será únicamente el conocimiento técnico, sino la capacidad de seguir aprendiendo y cuestionando el funcionamiento de estas herramientas.
Fuente: Vozpópuli.
