
Adolescentes recurren a chatbots como confidentes y especialistas advierten sobre nuevos riesgos emocionales
El uso de asistentes de inteligencia artificial entre adolescentes está adoptando un rol que va más allá de las tareas escolares. Lo que comenzó como una herramienta para resolver dudas académicas o ayudar con trabajos prácticos ahora se ha convertido, en muchos casos, en un espacio de conversación personal y emocional. Algunos especialistas señalan que cada vez más jóvenes usan chatbots como confidentes o incluso como una especie de terapeuta.
La escena ya resulta habitual en muchos hogares. En la madrugada, mientras la casa duerme, algunos adolescentes recurren al chat en sus teléfonos para continuar una conversación con un asistente de inteligencia artificial. Allí comparten preocupaciones del colegio, dificultades con amigos o conflictos familiares, y reciben respuestas inmediatas del sistema.
De herramienta escolar a interlocutor emocional
Según especialistas consultados, los adolescentes utilizan cada vez más los sistemas de inteligencia artificial para hablar sobre cuestiones personales que no siempre se animan a comentar en su entorno cercano. En esas conversaciones aparecen temas como peleas con amigos, dudas sobre relaciones, inquietudes de salud o cuestiones relacionadas con la autoestima.
Pablo Delgado, responsable de marca y comunicación del asistente de inteligencia artificial Luzia, explicó que muchas de las consultas reflejan inquietudes típicas de la adolescencia. Según detalló, entre los mensajes más frecuentes aparece la frase “mis padres no me entienden”, junto con preguntas sobre relaciones, salud o conflictos con compañeros.
Delgado señaló que los jóvenes utilizan estos sistemas tanto para resolver ejercicios de matemática como para hacer consultas personales que no se animan a formular a un adulto. Cuando las conversaciones incluyen temas delicados, como ansiedad o depresión, el sistema recomienda buscar ayuda profesional.
Estudios sobre el vínculo entre adolescentes y compañeros de IA
Un estudio titulado Talk, Trust, and Trade-Offs: How and Why Teens Use AI Companions, publicado por el Benton Institute de Estados Unidos, analizó cómo y por qué los adolescentes utilizan compañeros de inteligencia artificial.
De acuerdo con esa investigación, el 31% de los adolescentes considera que hablar con un sistema de inteligencia artificial resulta “tan o más satisfactorio” que conversar con amigos reales. Además, el 33% reconoció que ha tratado temas importantes con una IA en lugar de hablarlos con familiares o amigos.
Para Nicolás Obiglio, psicólogo, psicoanalista e investigador de la Cátedra Internacional de Bioética, estos sistemas ya forman parte del entorno social cotidiano para amplios sectores de la generación Z y la generación Alpha.
El especialista explica que la dinámica de interacción con estas tecnologías tiene características particulares: los sistemas responden de forma inmediata, permanecen disponibles las 24 horas y no cuestionan al usuario, lo que genera una sensación de empatía. Sin embargo, advierte que se trata de una simulación producida por algoritmos.
Casos que generan preocupación
El uso intensivo de chatbots como espacio emocional también genera inquietud entre especialistas en salud mental. Algunos casos recientes ilustran los riesgos potenciales cuando estas interacciones sustituyen el contacto con otras personas.
En una situación citada por especialistas, los padres de una adolescente de 16 años que atravesaba un trastorno alimentario revisaron las conversaciones mantenidas con su chatbot después de que la joven intentara quitarse la vida. En el historial encontraron mensajes en los que la adolescente expresaba desesperanza y realizaba preguntas relacionadas con medicamentos.
A nivel internacional también han surgido denuncias vinculadas a interacción prolongada con sistemas de inteligencia artificial. Uno de los casos mencionados ocurrió en Florida, Estados Unidos, donde un hombre de 36 años identificado como Jonathan Gavalas murió por suicidio tras semanas de conversación con Gemini, el sistema de IA de Google. Según reconstruyó el Miami Herald a partir de una demanda judicial presentada por su familia, el hombre llegó a creer que mantenía un vínculo real con el chatbot.
La ilusión de empatía y la interacción inmediata
La psiquiatra infantojuvenil Juana Poulisis describe el papel que estos sistemas están ocupando en la vida de algunos adolescentes. Según explica, la inteligencia artificial funciona como un espacio donde los jóvenes consultan desde cuestiones prácticas hasta preguntas existenciales.
La disponibilidad permanente y la respuesta inmediata generan una sensación de compañía constante. Además, algunos usuarios otorgan a la inteligencia artificial una credibilidad elevada y la perciben como una autoridad, lo que reduce la barrera para compartir pensamientos difíciles o vergonzantes.
Obiglio añade que la relación con estos sistemas puede entenderse dentro de una tendencia humana a atribuir características humanas a objetos o programas. A través del lenguaje, los sistemas de IA simulan comportamientos humanos y generan una ilusión de relación.
Vínculos afectivos sintéticos
El psicólogo Diego Herrera, director de DMH Salud Mental y del Equipo Interdisciplinario Cognitivo Comportamental (EICC), afirma que en los consultorios se observan cada vez más vínculos emocionales con sistemas de inteligencia artificial.
Según Herrera, la tecnología actual es capaz de generar respuestas empáticas que activan en el cerebro estímulos similares a los que se producen cuando interactuamos con otra persona. Esto puede crear una sensación de validación constante en usuarios que buscan reconocimiento o comprensión.
El especialista advierte que, en estas interacciones, la IA aparece como un interlocutor que siempre está disponible, no juzga y refleja los deseos del usuario. En ese contexto, la relación puede volverse especialmente atractiva frente a la complejidad y la fricción que implican las relaciones humanas reales.
Efectos posibles en la socialización
Herrera también señaló que el cerebro adolescente vive una paradoja biológica: los sistemas de recompensa están en pleno desarrollo mientras que el córtex prefrontal, vinculado a la toma de decisiones y al control emocional, continúa madurando hasta aproximadamente los 28 años.
En ese contexto, las interacciones digitales pueden producir estímulos que el cerebro interpreta como validación social. Cada respuesta inmediata o interacción positiva puede generar pequeños picos de dopamina que refuerzan el uso de estas plataformas.
Entre los riesgos mencionados por especialistas aparecen el deterioro de habilidades sociales, la evitación de relaciones interpersonales y la reducción de la capacidad para sostener conversaciones complejas con otras personas.
Gonzalo Arauz, impulsor del programa Guardianes de la Atención de la startup NaviTools, considera que el fenómeno requiere un enfoque equilibrado. Según explica, la inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana de muchos adolescentes y en algunos casos se transforma en un espacio de conversación o desahogo.
El especialista advierte que, si una generación se acostumbra a interactuar con interlocutores que siempre responden y validan sin contradecir, esa experiencia puede influir en las expectativas sobre las relaciones humanas. A diferencia de los sistemas artificiales, las relaciones entre personas implican desacuerdos, frustraciones y procesos de aprendizaje emocional.
Ante esta situación, los especialistas destacan la importancia de que las familias y los adultos mantengan canales de diálogo abiertos. Detectar que un joven busca consuelo emocional en un chatbot puede ser una señal de que necesita espacios de escucha y acompañamiento en su entorno real.
Fuente: Contexto Tucumán
